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Pegará ciclón a crisis alimentaria
BANGKOK, Tailandia - El ciclón Nargis que arrasó el suroeste de Myanmar el pasado fin de semana no sólo ha acabado con la vida de al menos 25 mil personas, sino que además ha destruido completamente una de las principales plantaciones de arroz de Asia, informó ayer la ONU.
"El desastre va a tener más consecuencias que la tragedia humanitaria.
No es algo que se vaya a solucionar en una semana o unos meses, sino que se hará notar en toda la cosecha de alimentos", aseguró un diplomático europeo en Bangkok.
La llanura de Irrawaddy, donde se encuentra el delta más afectado por el tifón, es concido desde la época colonial inglesa como el "cuenco de arroz" de Asia, en el que se abastece no sólo Birmania sino varios países adyacentes.
"El precio del arroz se ha duplicado en la zona desde el ciclón y los precios en la capital de Myanmar se han triplicado. Sí que se prevé que afecte a la crisis de los alimentos", aseguró a REFORMA un portavoz de World Vision, la ONG que más ayuda ha enviado a Birmania y que cuenta con cinco oficinas fijas en el país.
Según analistas, la región dependerá todavía más del arroz tailandés, que ha sufrido una inflación cercana al 140 por ciento en los últimos diez meses, por lo que es previsible que los precios se disparen.
Con un mercado de alimentos interconectado y cada vez más global, es previsible que los efectos del ciclón se dejen notar a nivel planetario a medio plazo.
Ayuda a cuentagotas
Mientras tanto, la ayuda humanitaria seguía llegando a cuentagotas ayer a Myanmar, donde la Junta Militar seguía oponiendo resistencia a la entrada del personal de los países y organizaciones donantes.
Por primera vez desde que el ciclón golpeó el país hace cinco días, los militares autorizaron que un avión de la ONU cargado con ayuda volase desde Italia, donde llevaba días preparado, rumbo al territorio birmano.
Mientras miles de birmanos sufrían escasez en las zonas más afectadas, dos barcos estadounidenses, cargados de agua potable, víveres, medicinas y personal humanitario, permanecían anclados e inmóviles frente a la costa.
El Gobierno birmano se negó a autorizar el desembarco y exigía que se entregase a sus soldados toda la ayuda humanitaria, algo que Washington declinó.
Varias cancillerías europeas, Estados Unidos, Japón, la oposición democrática en el exilio, el Banco Mundial, la ONU y cientos de ONG hicieron llamamientos para que los militares den luz verde a la entrada de ayuda y personal humanitario.
"Si alguna ayuda cae en manos del Gobierno, incluso si se trata de unas mantas, el Ejército se quedará con todo. Por no hablar del dinero", denunció Bush Gulati, dirigente del opositor Comité para la Restauración de la Democracia en Birmania.
En Estados Unidos, la candidata demócrata Hillary Clinton suplicaba que los militares se olviden de las disputas políticas y permitan la entrada de ayuda extranjera.
"Pido a la Junta que gobierna Birmania desde hace tantos años que por favor, por favor, deje que el resto del mundo ayude a su pueblo", solicitó.
"Los militares de Myanmar tiene que elegir entre ayudar al pueblo birmano, que necesita la ayuda para su propia supervivencia, y ayudarse a sí mismos en su miedo a perder su control total sobre el país, que efectivamente quedaría eclipsado por la avalancha de la ayuda internacional", opinó Walter Lohman, analista especializado en el Sudeste Asiático de la Heritage Foundation de Washington.









