
Click to enlarge
Otras notas en esta categorÃa
Notas más vistas
Historias Mas Comentadas
Save & Share this Article
Matanza parece romper todas las reglas
La violencia en México se ha incrementado en los últimos días
PETATLAN, México - Alguien quiere matar a Rogaciano Alba. Decenas de sicarios atacaron la casa del cacique político local, mataron a sus hijos y secuestraron a su hija en un violento fin de semana que dejó 17 muertos.
Con Alba escondido, sigue siendo incierto el motivo de la masacre, perdido en un enredo de narcotráfico, disputas por tierras y rebelión.
"Si alguien tiene algo (contra mí), que me lo 'cante' derecho, y si mis hijos les robaron algo que lo digan", dijo Alba en una llamada a una estación de la radio local. "Ellos no molestaban a nadie, ni le han robado a nadie. No sé porqué tanta saña para matarlos así".
Alba es fácilmente el hombre más poderoso de Petatlán, una ciudad en la costa del Pacífico cerca de los centros turísticos de Ixtapa y Zihuatanejo, que dependía de las plantaciones de coco y del ganado hasta que en la década de 1980 las drogas y la tala ilegal cambiaron el equilibrio de poderes.
El hampa del narcotráfico mexicano se ha vuelto más violenta en años recientes, con asesinos que decapitan a sus víctimas y graban amenazas en sus cadáveres. Pero como si siguieran un código de honor, los atacantes de los rancheros, hombres de negocios, periodistas y narcotraficantes rivales se habían abstenido la mayoría de las veces de atacar a las familias de sus víctimas.
El ataque contra Alba rompió todas las reglas tácitas.
El sábado, fueron asesinados siete ganaderos mientras volvían de una reunión encabezada por Alba. Al día siguiente, hombres armados y disfrazados de policías se presentaron en la casa de Alba. Al no hallarlo, hicieron una fila con 10 de sus familiares y amigos frente a su enorme casa de ladrillo de dos pisos y los mataron.
Dos hijos de Alba, Alejandro y Rusbel, estuvieron entre los muertos. Su hija de 18 años Ana Karen desapareció y se cree que está secuestrada, aunque no se ha pedido ningún rescate. Alba se escondió de inmediato.
"Sólo Dios y él saben donde está ahora", dijo una de sus hijas, que pidió que no se revele su nombre por miedo a que los hombres armados regresen.
Ella y otros familiares se reunieron el martes frente a la casa, aún con impactos de bala, para depositar flores blancas y velas en un altar improvisado. Entonces rezaron por las víctimas y condenaron a los asesinos sin rostro.
El miércoles, la policía colocó retenes en busca de armas, pero el jefe de policía de Petatlán, Horacio Lluck Mendiola, dijo que sus 30 agentes son insuficientes y que tienen menos capacidad de fuego que los delincuentes.
"La situación se ha salido de nuestro control", dijo. "El gobierno federal necesita tomar control de este asunto debido a lo grande de la matanza".
Agregó que no se ha hecho ningún arresto y comentó que "creemos que fue una banda bien organizada". El motivo de la masacre, sin embargo, sigue poco claro porque parece haber muchas personas deseosas de querer ver muerto a Alba.
Alba es un líder ganadero que domina la vida económica y política en la zona.
Fue muy activo en una asociación de hacendados que trabajó con taladores de los amenazados bosques de la cordillera costera. Grupos de los derechos humanos dicen que mucha de esa tala es ilegal.
La tala de bosques sigue siendo un gran negocio: Grandes camiones continúan recorriendo la carretera costera a través de Petatlán, gimiendo bajo el peso de abetos y pinos recién cortados de los bosques cercanos.
En la década de 1990, cuando Alba estaba vinculado con el grupo, los activistas que intentaron detener a los taladores fueron amenazados, encarcelados, heridos a disparos y a veces asesinados. Un grupo de abogados de la Ciudad de México abanderó su causa, y la defensora mejor conocida, Digna Ochoa, murió de un disparo en el 2001.
Los investigadores concluyeron que su muerte fue un suicidio, pero los activistas creen que ella fue asesinada y han exigido que se reabra la investigación, en la que Alba es el sospechoso principal.








