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LAS VERDADES DEL MONSEÑOR
¡Éxito, graduados!
Las opiniones expresadas por nuestros columnistas no son necesariamente la opinión de La Frontera y son completamente responsabilidad de quien las escribe.
Esta semana tuvimos una cena en nuestro salón parroquial para todos los miembros de la parroquia que graduaran de la preparatoria, pues es un orgullo para sus padres el verlos terminar sus estudios básicos.
Algunos están listos para entrar al colegio, y sería muy bueno que todos lograran ir a una universidad y terminar una carrera, sin embargo las estadísticas muestran que no todos lo lograrán, hay muchos que dejan sus estudios apenas después de un año, otros cuando van a la mitad, y otros desafortunadamente no pueden acabar la carrera y abandonan la escuela cuando apenas les faltan unos cuantos créditos para terminar.
Las razones pueden ser muchas, desde las cuestiones económicas, hasta diversas situaciones familiares imprevistas que les impiden de una u otra manera el seguir estudiando. Aunque hay ejemplos admirables de aquellos que aún con todo en contra, se esfuerzan y trabajan medio tiempo para mantenerse mientras llevan su carga normal de materias, hasta que logran sacar su título, son pocos comparados con los que se quedan a medio camino. En la mayoría de los casos, las razones para dejar la escuela poco tienen que ver con la capacidad de aprendizaje de los alumnos, son mas bien factores externos, como por ejemplo el no poder adaptarse a vivir solos, alejados de la familia, conviviendo con cientos de extraños, etc.
A veces el no saber que se espera de ellos, o como hacerle lograr lo que se proponen.
personas, la mediocridad es lo normal, pero si les inculcamos a los jóvenes que Dios no nos creó para ser mediocres, sino para ser gente de integridad y de excelencia, tendrán una herramienta muy poderosa: creerán en si mismos, con la seguridad de tener en su interior lo necesario para triunfar.
Hay que recordarles y enseñarles con el ejemplo que si comprometemos nuestros valores, aunque sea un poco, le restamos méritos a nuestras más grandes victorias.
Si se encuentran en situaciones donde todo el mundo se aprovecha y saca partido, y se dejan llevar por el ambiente libertino de fiestas y excesos que imperan en muchos campus universitarios, sabrán mantenerse firmes y hacer lo correcto si han recibido buenos ejemplos y sus padres les dan una buena 'dosis' de valores cada vez que tienen oportunidad. Aprenderán que el justificarse diciendo que 'todo el mundo lo hace', que nuestras faltas no son tan grandes como las del vecino, etc., no sirve de nada y que no es aceptable, que cualquier pequeño desvío del camino del bien contribuye a perderlos y alejarnos del propósito que tiene Dios para su vida. Dios espera que seamos personas íntegras, honorables, dignas de confianza, como corresponde a su imagen y semejanza. Una persona de integridad mantiene su palabra y sus promesas, por lo que deben terminar lo que iniciaron con tantas ganas. Enseñémosles en casa que las decisiones que toman a cada momento son los 'ladrillos' o bloques que construyen el camino hacia un futuro exitoso.
Y recuerda que Dios te ama y yo también.
Mons. Juan Nicolau, Ph.D. STL, pastor de la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Es psicoterapeuta familiar y consejero profesional con licencias









